Mi Jardin
“bien aventurados sean los osados viajeros capaces de entrar en mi hermoso jardín”Así decía una placa de plata colocada sobre aquel portón formado por no más que flores de plata y oro las cuales se enredaban a una gran puerta de madera.Esta puerta y sus largos muros escondían mucho mas que un hermoso jardín; el sitio donde nuestros tres viajeros se encontraban, era un mítico lugar. Una infinidad de viajeros habían salido en su búsqueda y regresaron a sus casas con las manos vacías; otro tanto de ellos no había siquiera regresado, ya sea por sentir vergüenza de haber fallado o por razones desconocidas.
Fueron muchos quienes se perdieron en el intento.Lo ironíco de esto es que nuestros tres viajeros (Egus, Ille y Tuis) no estaban en búsqueda de este mítico sitio, los tres se encontraban perdidos, en busca de respuestas a preguntas que nadie hizo,
Y fue allí mientras recorrían los intrincados laberintos de aquellas dudas, cuando la puerta de este jardín -mi jardín- se reveló frente a sus ojos. Como buenos exploradores en búsqueda de la verdad, no dudaron ni por un momento en adentrarse en aquel sitio sin prestar gran atención a lo que realmente hacían,-pues no los culpo; no son los primeros que se han visto seducidos por mi hermoso jardín-. Al entrar quedaron deslumbrados ante ese maravilloso lugar lleno de plantas de una infinidad de colores; arboles cuyos troncos se curvaban y entrelazaban cual bailarinas..Parecía que aquí, todas las estaciones convivían en armonía..
Un manto de hojas rojas doradas y anaranjadas cubrían el piso; entre ellas, hermosas flores se abrían para alcanzar los haces de luz que pasaban entre las ramas e iluminaban formando blancas líneas en el aire. Allí fue donde Egus -el de dorados cabellos-, -el moreno- Ille y -el pelirrojo- Tuis, lograron visualizar algo que provocaría su fin; eran dos flores, si dos flores ¿quien lo creería no?. Pero no eran cualquier tipo de flores, éstas, eran las flores más hermosas que jamás existieron y podrán existir; capaces de enamorar a cualquier ser humano. En una época, hace mucho tiempo atrás, antes de que los viajeros se adentraran en mi jardín, este estaba repleto de ellas, pero para cuando nuestros tres viajeros llegaron, solo quedaban dos.Fue Egus quien se acercó primero a una de las flores -era de un fuerte color rojo sangre, parecía palpitar mientras el sol la tocaba delicadamente con un haz de luz- y sin dudarlo un momento, la arrancó.
Él la amaba, nadie cuidaría mejor de ella, nadie la merecía mas, y ella le correspondía sin duda alguna; Era demasiado tarde cuando él descubrió lo que había causado aquel egoísta e imprudente acto: al momento siguiente de arrancar la flor, se tornó negra y marchita; Había muerto por su culpa y ya no la tendría. Una inmensa pena inundó su corazón.. Viendo sus manos, asombrado, notó como él comenzaba a marchitarse y morir. Pero no le importó, ya no tenia su amada flor, ya nada valía.Observándolo todo desde lejos, con notorio asombro, Ille se acercó donde yacía su compañero muerto. Mostrándole fría indiferencia a lo sucedido, se limitó a observar con detenimiento la última flor, la flor azul, -sin arrancarla (mostrando así, mucha mas prudencia que Egus), alejándose de ella sin apartar su mirada en momento- mostrando así, mucha mas prudencia que Egus.
Fué aquí donde, al ver que el peligro había pasado, Tuis aprovechó para acercarse. Pero el no tocó la flor ni la vigilo con recelo, en lugar de eso, fué en busca de agua para regarla, cortó sus hojas muertas, y la cuidó esperando a que creciera.Lamentablemente, olvidaba que el celoso Ille observaba a lo lejos. Al ver todos los cuidados que Tuis daba a su flor y al ver como esta crecía gracias a él, no pudo contener aquel sentimiento que lo embargaba; Fué hasta donde Tuis cuidaba de su planta y lo ahorcó con sus propias manos. No hubo un solo momento en que sintiese algo de culpa por haber matado a su amigo. Dejándolo allí tirado, tomó la flor en un desesperado acto, -la arrancaría, prefería morir y matarla antes que fuese de alguien mas- pero al momento de tocarla fue pinchado por una larga y roja espinal. El rojo intenso punto en su índice comenzó a expandirse al igual que el profundo dolor; Tres largos días de agonía llevo su muerte; Pero no fué hasta varios años después, cuando una pequeña niña encontró nuevamente mi jardín y desde la puerta visualizó asombrada, cómo aquella flor azul posada en un montículo, alli a lo lejos, gran cantidad de flores rojas se alzaban protegiéndola..
(ehmmm agradecimiento a May que me ayudo a que la idea de mi cuento fuese clara para todos)
jueves, 17 de septiembre de 2009
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